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2月28日

El asesinato a sangre fría del periodismo (M. García)

Esta semana se ha estrenado en las salas españolas una de esas películas independientes que llaman la atención por su calidad en vez de por su cartel en las marquesinas. Se trata de "Capote", un retrato de los cinco tortuosos años que duró el proceso de gestación de "A sangre fría", texto de importancia capital en la novela y el periodismo contemporáneos. Igual que no nos hace falta conocer la biografía de Fleming para que la penicilina nos salve la vida, muchos periodistas no habrán leído el texto. Eso no resta influencia, si acaso proporciona un aliento más épico a su importancia.

 

La notable película del debutante Bennett Miller aporta una visión compleja del autor que, junto al fiera de Tom Wolfe, cambió la forma de escribir y entender el periodismo, dejándose la salud mental por el camino. Capote dotó a la prensa de la pulsión y tensión narrativa de la ficción, supo estructurar y construir de modo interesante la realidad: esto no significa que manipulara, ni que renunciara a la honestidad que necesita su profesión. Simplemente, sabía que la mera presentación de hechos en orden cronológico no bastaba: el periodismo necesitaba introspección, calidad literaria e incluso imaginación, para que la realidad llegara con todas sus capas al lector.

 

También funcionó en el sentido contrario: proporcionó limpieza, coherencia, y frialdad cortante al ámbito de la novela. En ese texto mestizo, el bisturí de Capote revelaba la miseria y complejidad del ser humano con la engañosa distancia del dios desencantado que querría haber sido su egocéntrico autor.

 

Nacía el nuevo periodismo norteamericano. Un movimiento que reenganchó a muchísimos lectores del país que se habían aburrido de la prosa muerta de sus rotativos.

 

Han pasado cuarenta años. En esta época de tendenciosidad informativa, de grandes emporios de la comunicación y la manipulación, no deberíamos quejarnos tanto de la falta de objetividad, sino de la torpeza y mal gusto de su subjetividad. Si compramos un panfleto por lo menos que esté bien escrito. Por lo menos. Porque tal y como están las cosas, dudo mucho que la explosión creativa de aquellos años tuviera algún hueco en nuestros medios. Pasaría desapercibido entre el sensacionalismo de las editoriales y la pornografía de todas clases que, con sus gritos y gemidos, ahogan todo lo que se ponga por delante.

 

www.donmendogarcia.blogspot.com

2月26日

En la nueva arena

Las características de nuestra sociedad y vida actual, el stress, el deshumanizante trabajo, los desinformantes-medios-de-información, la definitiva frivolización de la cultura, etc., han conseguido, después de varios años, convertir la arena política en uno más de los entretenimientos cotidianos. Diariamente, los periódicos, telediarios y boletines radiofónicos nos surten con las más polémicas y morbosas noticias políticas, aderezadas con el sentido de la urgencia y la inmediatez. El futuro de la nación se está decidiendo en el momento en que la noticia se recibe y, por supuesto, todos los ciudadanos juegan una parte fundamental en ello.

 

Pero, ¿qué parte desempeñamos los pasivos y desinformados ciudadanos, ahogados con nuestros problemas y preocupaciones? Éstas últimas suponen para nosotros mucho más que los grandes problemas nacionales y mundiales por lo que, cuando tratamos de estos asuntos de mayor calado, lo hacemos del modo más superficial, más bien como una vía de distracción, por lo que la discusión sobre estos no suele producir una solución útil para el conflicto que se está tratando.

 

El hecho de pertenecer o votar a un partido político o al opuesto se equipara hoy a ser hincha de un equipo de fútbol o del contrario. Toda discusión o noticia representa poco más que un resultado: ganamos o perdemos, no importan las consecuencias. La militancia pasiva responde a un afán de entretenimiento y vía de escape a la vida cotidiana. Esta actitud sirve de poco a la mejora de las condiciones sociales, por otro lado, uno de los fundamentos de la democracia.

 

Mientras en el Parlamento se exhiban las camisetas de los equipos políticos y los ciudadanos sigamos siendo simples espectadores apasionadamente superficiales, las condiciones sociales estarán bastante lejos de cambiar, la rotación de partidos políticos en el Parlamento no cumplirá el objetivo de la democracia: dar la oportunidad a cada grupo de elegir un programa que pueda mejorar la gestión de la sociedad y, con ello, la vida de sus ciudadanos; seguiremos asistiendo a más papilla informativa y a un incesante y patético espectáculo como el que hoy día comprobamos.

2月23日

Reformas en El Cuarto Oscuro

Como comentamos en el correo enviado a mucha gente, pretendemos, a partir de ahora, recoger distintas firmas en este espacio. De este modo podremos aumentar las posibilidades de debate y variar un poco en las voces de la página. Por lo demás muchas gracias por vuestra participación durante estos casi 7 meses ya de "El Cuarto Oscuro".
2月22日

El virus religioso

Imaginemos por un momento que Occidente -y sólo Occidente- entrara en una profunda crisis económica: las finanzas quebrarían y miles de familias estarían en la calle; el desarrollo, frenado, impediría que la educación y la sanidad cumplieran su función social: el desastre sería inminente. Cada vez más familias pasarían hambre y se sumirían en la desesperanza. Entonces se harían preguntas: ¿por qué nos pasa esto a nosotros?, ¿qué culpa tenemos?

 

Si tuviéramos la desgracia de vivir esa horrible situación, además de la proliferación de la pobreza y la miseria, asistiríamos a una sobreabundancia de estatuillas de santos, vírgenes y libros sagrados. El cristianismo, en cualquiera de sus formas, recobraría fuerza como explicación de los males que asolan al mundo y como guía para la salvación. Las cruzadas, los grandes milagros y el trabajo de la Iglesia serían retomados con fervor y pasión. No sería descabellado pensar que ciertos principios de La Biblia fueran revisados para exagerarse. Los ciudadanos, despojados cada vez más de su capacidad crítica y su formación, se apegarían más a la doctrina. En resumen, seríamos capaces de hacer cualquier cosa.

 

La mayoría de los que imaginamos esta situación concluimos con que son principalmente las dificultades materiales las que exacerban ciertas tendencias en las sociedades: bajadas las defensas del organismo social, el virus religioso no encuentra impedimentos y siembra todo su poder a lo largo y a lo ancho de éste. La solución no viene de la Guerra Santa o la eterna obediencia y predicación: necesitaríamos ayuda exterior para estabilizar nuestras defensas (de un modo parecido al del Doctor Marshall, operó excelentemente en Europa Occidental contra el “virus rojo” a mediados del siglo pasado).

 

Podemos trasladar este horrible cuento al mundo musulmán y concluir con que las defensas naturales de los pueblos árabes –musulmanes en su mayoría- están hoy en día terriblemente debilitadas. La perpetua crisis y los anacrónicos modelos de Estado son el perfecto caldo de cultivo para el fundamentalismo que hoy tanto se teme. Solamente un aumento en el nivel de vida de la mayoría de la población puede reducir esta peligrosa tendencia. En este sentido, la oportunidad de adhesión de Turquía a la Unión Europea puede concebirse como una experiencia interesantísima: los musulmanes podrían probar que, en gran medida, su miseria viene provocada por las dificultades económicas y la falta de recursos. Que los turcos se curen del resfriado o sigan con sus defensas bajas, dependerá de Occidente…

2月18日

Clases de inglés

En un aula mal iluminada, ambiente grisáceo y casi de laboratorio, medio centenar de estudiantes prestan atención al profesor. Venidos de todas las partes de la tierra, los alumnos coinciden en estas sesiones para adaptarse al código común, con el objeto de adquirir la herramienta que los catapulte al éxito. Sin ella, continuarán en un nivel inferior, en una segunda división. El profesor, con bata blanca, los orienta hacia los objetivos que hay que conseguir durante el año y el nivel que se ha de alcanzar. Los estudiantes contestan a coro, entusiasmados con las promesas del maestro. La materia es una vieja compañera de viaje: la lengua inglesa.

 

Entre los alumnos existen distintos niveles. Dependiendo de su procedencia, los individuos han podido disfrutar de mejores o peores sistemas de enseñanza, aunque todos coinciden en esa firme decisión de aprender lo mejor posible la lengua inglesa. Los hay desde los más despreocupados hasta los obsesivos: de llevar un diccionario a todas partes a tener objetivos de listas de palabras diarias por aprender, todo por rentabilizar la inversión que están haciendo. Después, la vuelta triunfal al país de origen y conseguir el anhelado puesto de trabajo, por el que tanto están esforzándose sus familias.

 

El inglés parece haberse convertido, desde hace mucho tiempo, en una herramienta indispensable para triunfar. Lejos de pretender ampliar los horizontes culturales y conocer la lengua de un pueblo, el aprendizaje de la lengua inglesa se persigue para triunfar en los negocios, en las finanzas, para conseguir un gran empleo y lograr, en cierto modo, el triunfo personal. Hablar inglés es un medio para entrar en el mercado y quien no puede acceder a este conocimiento queda automáticamente desplazado. Nuevo invento al servicio del chantaje laboral, aprender inglés se ha convertido en una condición más, en otro bajar la cabeza para permanecer dentro de la sociedad de consumo. Junto a renunciar a más vacaciones, trabajar más horas e hipotecar nuestros ahorros con cargo a futuros imprevistos, todos, de aquí para siempre, habremos de aprender inglés, y, además, mucho. Y así será…

2月12日

De loros y papillas

En toda charla que tiene lugar durante un lapso de tiempo que pretende ser distendido, relajante y agradable, suele estar permitido decir cosas a la ligera; intentamos pasar un buen rato y, si, además, nuestros compañeros no hablan español, proceden de otros lugares, el inglés, como código de comunicación común, se convierte en una especie de suavizante que permite que cualquier palabra malsonante no golpee tan directamente los oídos de los demás como ocurriría en otro caso. Existe cierta tolerancia hacia aquellos que no manejamos correctamente la lengua inglesa y, esto, a veces, tomado como cheque en blanco, puede llevarnos a protagonizar anécdotas ciertamente llamativas.

 

A los extranjeros les gusta la siesta, les divierte pronunciar esa palabra que sus horarios intensivos no les han permitido conocer nunca. Ellos anhelan la siesta y nosotros el horario que nos aleje de salir y volver de casa por la noche, ninguno está contento. Es un concepto intraducible; muchas personas no comprenden esta costumbre inventada, dicen, por los perezosos españoles.  

 

Lo cierto es que, teniendo en cuenta el placer que la siesta supone para el que la puede disfrutar –los casos de insomnio en esta modalidad de descanso están aún por estudiarse- sería condescendiente para la humanidad establecer este breve retiro como práctica ineludible. Sazonado con la bebida y el buen ambiente, de pensar esto a proponerse como candidato a imponer un estado totalitario que establezca como objetivo principal la obligatoriedad de la siesta hay sólo un paso. En menos que canta un gallo, la moción queda aprobada por los agradecidos compañeros de charla. La broma es sencilla y parece entendida por todos, pero una chica, procedente de los Estados Unidos (muy, muy al sur, además) quiso ir más lejos: “si te conviertes en un dictador que domine el mundo, elimina por fin a Fidel Castro y luego a su hermano”. Ante el ingenio y la velocidad de la respuesta, el candidato a la revolución tiránica no tiene otra cosa que hacer que retirarse de las elecciones y de una posible discusión incómoda.

 

No entramos a debatir aquí la terrible amenaza que la poderosísima isla de Cuba supone para el mundo. Las ansias de poder y de conquista mundial -¡universal!- del joven Fidel Castro han quedado claramente probadas a lo largo de este último medio siglo. El potencial, la maldad y la amenaza de los cubanos sobre los Estados Unidos son indiscutibles, y, por supuesto, el dolor que la nación más democrática y libre que jamás pudiera pensarse sufre al ver que no todos disfrutan de los mismos privilegios que ellos es perfectamente comprensible por todos. Dejando claros estos axiomas, deberíamos plantearnos algo más grave aún: está en juego la evolución de la especie humana. ¿Qué le pasa al norteamericano medio? ¿Se ha convertido en un simple organismo que responde a base de estímulos y respuestas? Encerrados en un país con todas las posibilidades, la capacidad de reflexión desciende ya al nivel del pólipo. El razonamiento se simplifica ante el bombardeo mediático propio de un país totalmente aislado del exterior. Manchados de papilla informativa, no esperan a digerirla para comunicar la buena nueva a todo desgraciado que no la comparta. Democracia, libertad, oportunidades,… son toda una lección aprendida de memoria. Ante el avance tecnológico, los enormes recursos y posibilidades, el ciudadano medio de los Estados Unidos sigue con babero y desplazándose en cochecito de bebé. Esperemos que al oxidado vehículo no se le tuerzan las ruedas.

2月1日

China, ¿pero qué socialismo?

El enorme y continuo crecimiento del Producto Interior Bruto del gigante asiático lleva muchos años asombrando al mundo. Con un aumento del 10% anual, la economía china parece ser imparable. Ante esto, muchos aventuran a considerar al chino como al Estado más potente en el futuro e, incluso, los que más imaginación poseen, nos pueden llegar a hablar de una nueva Guerra Fría: según estos profetas, ésta se libraría entre un bloque capitalista atlántico (representado principalmente por los Estados Unidos) contra uno socialista: el chino.

 

De realizar estas últimas ebrias cavilaciones a alabar las virtudes del denominado socialismo de mercado resta sólo un paso. ¿Es el modelo chino deseable para cualquiera que pudiera elegirlo? No para nuestros hijos. Paradójicamente, y al hilo de la terminología que Marx –el teórico inspirador del Partido en el poder en la República Popular- utilizara para describir el capitalismo, una de las principales fuentes del enriquecimiento chino es la despiadada explotación de sus habitantes: educados desde pequeños para ser auténticas máquinas, los chinos trabajan a destajo para ganar su sustento, recreando en su patria un capitalismo parecido al despiadado sistema de producción que tuvo lugar en Inglaterra hace dos siglos.

 

Sin derecho a huelga y con casi todas las libertades públicas coartadas, los ciudadanos chinos viven en una especie de cárcel, una prisión provechosa para algunos y que no da a sus reclusos ninguno de los réditos que el nuevo modelo de administración rinde diariamente. El supremo Partido, cueva de mafiosos, burócratas y nuevos ricos, incuestionable demiurgo, encarna la más descarada corrupción. La libertad de prensa es todo un chiste en este país –lo que imposibilita a todo observador externo de contar con información útil para un análisis-.

 

Decir que el socialismo chino es el modelo del futuro es ser muy pesimista. Una dictadura mafiosa, capitalista y que hereda lo peor de todas las civilizaciones anteriores (feudalismo, esclavitud, estalinismo…) es motivo de secreta admiración para muchos. Al modelo chino le falta el más importante componente para responder a su nombre oficial: ser un Estado social. El fin de su organización dista muchísimo de ser la mejora de la vida de sus habitantes: el crecimiento espectacular no se refleja en una mejora de las condiciones de la mayoría de la población, por lo que la denominación de sociedad socialista resulta completamente contradictoria. No hay que reflexionar demasiado para deducir que el uso que de la retórica socialista hace el gobierno chino es profundamente perjudicial para una izquierda que pretenda un modelo alternativo para la sociedad del futuro. Si eso no cambia, quizá haya que abandonar las gastadas palabras para construir otras y con esto evitar que se pueda llegar a algo parecido a lo que en aquella oscura cueva sucede desde hace algunos años.