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12月8日 Deja vù en paz de una vez...Nos metimos en la película del eternamente "enmarronado" Denzel Washington, alias "el hombre con el agua al cuello". Manipular el pasado para cambiar el presente mezclado con bombazos provocados por un fanático terrorista. No está mal, entra en la categoría de películas para mi "gato cinéfilo", pero espero que las próximas que vea sean algo más sustanciosas. A saber: El camino de los ingleses y El Perfume, de dos notables novelas que he consumido estos últimos meses. Espero vuestras opiniones. 12月7日 El señor de los anillosEra el nuevo de la redacción y el jefe me miraba de reojo y con una ceja levantada. No me gustaba el modo en que me mandaba las cosas. No me fiaba de esa ceja. Él sabía que yo era andaluz y eso, a pesar del éxito de Montilla en Cataluña, parecía hacerle sospechar de mi capacidad de trabajo. Intenté poner acento catalán pero la cosa no funcionó. Además, me mandaba las tareas más difíciles.
Mi primera crónica consistía en resumir lo argüido por el respetabilísimo diario El Mundo –el que compraba siempre mi padre-, que acababa de destapar un nuevo escándalo en la policía nacional que vincularía a ETA con el trágico 11-M. Me puse manos a la obra y comencé a leer el editorial y el artículo de portada. Cuatro minutos después desperté: tenía la frente apoyada en el escritorio, me había dormido y había cogido un poco de frío. La redacción no tenía calefacción; sí el despacho del jefe, al que yo no tenía acceso.
Intenté continuar con el borroso artículo, mi frente golpeó dos veces más el escritorio. Los nombres se me mezclaban en la cabeza: ¿Zhourier conoció a Trashorras o fue a Lavandera? ¿Tenía algo que ver “el chino” con la caravana de la muerte? Al rato aparecía toda una genealogía de personas a las que no me habían presentado, pero que habían entrado en mi cabeza: el Grupo Mondragón, Santano, Olga Sánchez, un tal Garzón que hacía garzonadas, Ramírez, todo mezclado y rociado con un poco de ácido bórico, Alcaraz, Del Pino, y los Peones Negros que cada 11 salían a pedir la verdad... Después aparecían unos señores que habían timado a una rusa para quitarle los hijos y luego habían cogido explosivos para que cambiaran al hijo de uno de ellos de cárcel y que también llamaron al diario El Mundo que tiene que ser muy bueno porque lo llaman siempre los que tienen problemas…
No había solución a tal embrollo. No había escrito ni una línea de la crónica y ya habían pasado dos horas. Pronto llegaría el jefe y confirmaría con un “¡lo sabía!” mi incompetencia. Acababa de terminar la facultad y me había metido en un agujero negro, nunca mejor dicho. ¡Yo había venido a hacer periodismo, no a encontrar el oro de Moscú!
Leí el artículo una y mil veces: siempre acababa distrayéndome. Para relajarme, reanudé durante unos minutos una lectura que tenía pendiente, un libro del célebre escritor J. R. R. Tolkien, El señor de los anillos que narraba la historia de un pequeño hobbit que tenía que salvar a su mundo de una amenaza maligna. Este hobbit, Frodo Bolsón, hijo de Drogo Bolsón, era sobrino de Bilbo Bolsón y, junto con Sam Gamyi, Pippin Tuk y Merry Brandigamo, cruzarían La Comarca hasta llegar a la morada de Elrond, no sin contar con Gandalf y Aragorn, que entonces no era todavía Aragorn, hijo de Arathorn, sino simplemente Trancos, y llegarían a la morada de Elrond, que sería hijo de alguien, supongo…
No sabía qué me pasaba: las dos historias me parecían muy similares, sobre todo por lo farragoso y embrollado de algunas descripciones, lo espectacular y fantasioso, la magia que subyacía tras sus relatos, la ficción inherente a este mundo de sueños que ambos autores querían crear…
Oí pasos. Sólo quedaba yo en la redacción. El jefe se acercaba. Escaneé un par de páginas del primer tomo de Tolkien, hice algunas modificaciones y lo firmé. La crónica tenía que salir al día siguiente y me tenía que dar el visto bueno.
La noticia fue un éxito y gustó mucho. Todos los lectores parecieron entenderla, al menos, igual de bien que antes de que yo llegara. Ahora me han puesto al frente de la sección de política nacional y tengo que informar todos los días sobre casos de ácido bórico, titadine, Goma2 y demás sustancias. Menos mal que llevo conmigo los tres tomos de El Señor de los Anillos, el Bestiario de Tolkien, el Silmarillion, las Páginas Amarillas y algunos cuentos de Andersen, por si quiero desconectar… |
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