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12月31日 Destruir el lenguajeHace muchos años, en una etapa de la Historia de España bastante distinta a la que vivimos hoy, un grupo de intelectuales y escritores se plantearon una atrevida apuesta: destruir el lenguaje y la literatura. Los nueve novísimos (Félix de Azúa, Manuel Vázquez Montalbán, Vicente Molina Foix…) pretendían, allá por los años sesenta, acabar con la forma de narración que imperaba desde principios del siglo XIX en España. En algunos casos extremos, estos experimentalistas rompían las palabras y las sustituían por símbolos geométricos. Era fácil perderse en estas narraciones, pues no estaban pensadas para el comercio. La originalidad de los novísimos surgía, probablemente, de la imposibilidad de expresarse libremente en un Estado dictatorial. Las ilusiones de estos jóvenes escritores se encontraban frustradas ante la falta de libertades y oportunidades.
Por entonces, la opresión era manifiesta: la falta de libertades se reflejaba también en una uniformidad en el lenguaje y la forma de narrar. Sin embargo, hoy día, aparentemente con todas las libertades posibles y los medios para llevarlas a cabo, el lenguaje no se diversifica, se anquilosa: utilizamos continuamente expresiones comunes, reproducimos tópicos y todo tipo de frases hechas heredadas de los medios de comunicación, que nos impiden imaginar otra manera de representar lo que por nuestra cabeza pasa. Es, sin duda, una forma cubierta de opresión que no duele, pero que empobrece el paisaje, como ocurre con los edificios grises que predominan en muchos países que fueron víctimas de regímenes autoritarios… Nuestro vocabulario se reduce y nos limitamos a repetir frases ya preparadas, como si el sobre del voto electoral nos viniera ya decidido y cerrado...
Con los medios y la oportunidad que tenemos, deberíamos dejar la pereza a un lado y aprovechar la belleza y la diversidad del lenguaje que poseemos: del frondoso bosque que éste nos ofrece, sólo hemos disfrutado de las lindes, que, además, están más que pisadas. Reproducir expresiones sin tocarlas denota una absoluta sumisión a una autoridad invisible. Destruyamos, pues, la tela de araña que nos cubre y comencemos a escribir de verdad. 12月28日 Cuba: cifras oficialesEl anuncio realizado por los dirigentes del gabinete económico cubano –el año 2005 es, casualmente, el de mayor crecimiento de la historia de la Revolución y, en él, se calcula que el PIB ha aumentado a una tasa de casi el 12%, crecimiento que va a revertir en cuantiosos beneficios para todos…- recuerdan a los que antaño servían los dirigentes de la extinta Unión Soviética: excelentes perspectivas futuras, desarrollo sensacional, etc. Ni siquiera la más vergonzosa economía asiática, fundamentada en la prostitución de sus tierras a las multinacionales con menos escrúpulos y en la esclavitud de sus ciudadanos ha obtenido en años anteriores crecimiento similar. Si tenemos en cuenta los apagones eléctricos en la isla, el permanente embargo, la durísima sequía que ha asolado al país y las inundaciones y los destrozos provocados por el Katrina, no podemos menos que desconfiar de las cifras que tan orgullosamente se vierten desde el oficialismo. Quizá, la falta de libertad de prensa evita que otras voces distintas nos lleguen desde el interior. Del exterior, la retórica neoconservadora –tiranía comunista, sangriento dictador agonizante, régimen opresor en clara destrucción…- tampoco nos vale en absoluto.
La autarquía y la imagen de país revolucionario acosado por mortales enemigos mantienen a la población unida y, en cierto modo, controlada. Al margen de la alianza concertada con el movimiento bolivariano –que tiene ahora la posibilidad de contar con un fiel apoyo en el gobierno boliviano de Evo Morales- y de la consiguiente posibilidad de integración horizontal que, sin duda, beneficiaría al agotado modelo cubano, el anuncio no hace sino confirmar una ideología: la de un nacionalismo acorralado y luchando por subsistir, y que, gracias al esfuerzo solidario de sus ciudadanos, logra seguir adelante. Frente a las cifras, prudencia: ni malo ni bueno, sino todo lo contrario... 12月24日 Indio, feo, chillón y malo...La victoria de Evo Morales, aymara y primer indígena que toma el poder en Latinoamérica después de cientos de años, pone, paradójicamente, a los nuevos gobernantes en una situación sumamente complicada. El apoyo del pueblo –de casi un 55%- responde a la esperanza de un salvador, un mesías que acabe con el más de 70% de extrema pobreza que reina en el país. Para ello, las reformas sociales deben ser radicales, prontas y constantes, algo que el socialdemócrata presidente del MAS parece tentado a retrasar.
La templanza de Evo parece querer contentar las exigencias de las masas paralelamente a las de los países poderosos, los inversores y los hegemónicos EEUU. No hace falta pensar mucho para concluir que ponerse esa meta es confiar en un fracaso seguro. La presidencia del indígena ha de provocar, por fuerza, el fuerte descontento de alguno de los dos frentes: bien mantendrá la línea anterior, favoreciendo la inversión sin límites de las compañías extranjeras y olvidando al pueblo –siguiendo el modelo brasileño- o se sumará al eje venezolano-cubano (o proyecto de integración horizontal sudamericana), exigiendo más a los inversores –corriendo el peligro de una fuga de capitales- y emprendiendo claros programas sociales.
La aplastante victoria del Movimiento al Socialismo representa la lucha de un pueblo rico pero explotado, una nación con abundantes recursos naturales que, en un momento desesperado, decide explotarlos por sí mismo. Esta demanda parece ser el primer objetivo del programa político del aymara, aunque cada vez con más condiciones adicionales…
Mientras tanto, la imagen de un indio narcotraficante malo que ha tomado el poder mediante la demagogia circula por los ámbitos internacionales y, sobre todo, por los ofendidos Estados Unidos. La excusa del narcotráfico será siempre útil para que los puritanos imperialistas –primeros consumidores de cocaína del mundo- intervengan y sitúen bases militares “por el bien de todos” en su eterno patio trasero. El futuro de Bolivia, y de cualquier respuesta popular a la opresión (en Ecuador eligen también dentro de poco), sea bueno o malo para sus habitantes, se pinta, sin duda, convulso. 12月18日 Nacionalismos, ¿todos en el mismo saco?Observando los actos de las Juventudes de ERC, de Carod, de Otegui, Ibarretxe, Arzalluz y demás, sufrimos constantemente la tentación de condenar el nacionalismo en abstracto como un acto retrógrado, enemigo, amenazador y, en definitiva, malo. Un célebre escritor y periodista llegó hace poco incluso más lejos en estas descalificaciones, por otro lado, simples y peligrosamente reduccionistas.
Extraer de la experiencia española una idea irrebatible como ésta –el nacionalismo es malo, hay que luchar contra él- hace un flaco favor a la capacidad de razonamiento y al pensamiento complejo. Al identificar el nacionalismo, en abstracto, con lo retrógrado y lo egoísta, caemos en una generalización no exenta de pereza y falta de reflexión.
Si colocamos en el mismo lugar a todos los nacionalismos que han existido a lo largo de la historia contemporánea del globo, estaríamos poniendo en el mismo nivel a Mahatma Gandhi, José Antonio Primo de Rivera, Gammal Abdel Nasser y Ho Chi Min, por citar a cuatro. ¿Es equivalente el ramplón nacionalismo español, nostálgico del imperio de Felipe II, al de los pueblos de África y Asia que, explotados por los imperios ingleses o franceses, buscaban una forma de gestión diferente que no esclavizara a sus habitantes? ¿Podemos comparar el caso de Argelia, Vietnam o la India, con el proyecto de Ibarretxe? Hay, y esto se ha leído en periódicos, quien compara a la lucha de Batasuna con la de los palestinos por una patria, nada más lejos de la realidad…, esto nos debe confirmar que los nacionalismos no son, en absoluto, equivalentes.
No debemos contemplar el nacionalismo como una decisión egoísta de unos pocos: éste ha sido, en el pasado, instrumento de liberación de pueblos subyugados. Por esto, renunciemos al razonamiento simple –y fácil que nos deja pasar a otro tema rápidamente- y profundicemos un poco más en problemas que, como todos, necesitan más de un repaso para comprender. 12月9日 Libertad de expresión: el crédito infinitoAsistimos últimamente a protestas por una mayor libertad de expresión en ciertos medios de comunicación. La crispación ha llegado a extremos insospechados en emisoras que ven amenazada la posibilidad de seguir emitiendo en ciertos lugares, y deprimidas, entre otras cosas, sus posibilidades de negocio y expansión.
Como ocurre con el término libertad a secas, libertad de expresión se convierte en un vocablo con un significado fácilmente manipulable. ¿Qué implica realmente? ¿Hasta dónde puede llegar? La conclusión que debemos extraer de nuestras experiencias como espectadores de los medios es que esta libertad ha de existir, pero nunca ser un cheque en blanco.
La posibilidad de expresarse sin trabas ha de contemplar los efectos que esta manifestación puede provocar en el receptor de la comunicación. Si ésta es grosera, injusta u ofende a una gran parte de la audiencia, es posible que el libre uso de la libertad del emisor esté vulnerando, a su vez, la libertad del oyente. Por tanto, la libertad de expresión ha de tener consigo una exigencia de consideración con quien está recibiendo los mensajes.
Este concepto poco definido entra más en conflicto en el medio anónimo que representa Internet. La modalidad personal de uso y la frivolidad con que muchos utilizan esta poderosa vía puede tener, a menudo, efectos negativos en la sensibilidad de las personas. En tales casos ¿se está realizando un correcto uso de la libertad de expresión?
Sin tener claro dónde empieza ni dónde acaba, debemos contemplar que la libre expresión de los intereses propios, además de ser veraz y sincera, ha de contemplar visos de honradez y respeto por los posibles receptores. Es fácil el recurso a denunciar como fascista el que, por proteger a una minoría o, a veces, a una mayoría, tiene que hacer uso de la censura. Sin embargo, se podría sugerir que los emisores de ciertos mensajes que no tienen en cuenta al receptor incurren en el mismo error con signo contrario. De este modo, el crédito que se concede a los emisores de mensajes, en cualquier soporte, no ha de ser nunca indefinido, sino sujeto a una especie de tipo de interés, que no refleje otra cosa que la consideración, la empatía y el respeto a los demás. 12月4日 Otra manera de mirar el cineLlevar adelante un blog es una tarea que requiere de cierta constancia y responsabilidad. Al ser un acto normalmente voluntario, la noción de responsabilidad queda instantáneamente en entredicho: ¿ante quién y de qué respondemos? Y la constancia se resiente y dice "¿por qué ella no y yo sí?". Tenemos, de este modo, enunciado el problema: hacer un blog es una acción tremendamente descabellada. La única esperanza que nos queda, llegados a este punto, es confiar en que algún despistado lector se interese y deje un comentario, una gota de agua en el desierto de cientos de palabras nunca leídas para plantearse si escribir una nueva opinión o dejarla en el informatizado tintero... |
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